FELICIDAD Y LOS POBRES
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Jesucristo
nació pobre, de padres pobres, en un pesebre junto a los animales. Los
galileos, de cuya región fue originario el Maestro, era gente de las
más pobres e ignorantes de la Palestina. Hasta su habla era diferente
de los demás. A Pedro le reconocieron como uno de los que acompañaba a
Jesucristo por su acento galileo. En la cruz no entendían lo que decía
Cristo por su acento galileo.Al empezar su ministerio él mismo habló
del pasaje del Antiguo Testamento, el libro de Isaías que resumía su
misión en la tierra y que se cumplió aquel día: “El Espíritu del Señor
está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres” (Mateo 11:5) Los pobres siempre fueron la meta de
Jesucristo.Cuando los emisarios de Juan el Bautista preguntaron a
Jesucristo si él era el Mesías, Jesús contestó: Vayan y cuéntenle a
Juan todo lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos
andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos
resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas” (Mateo
11:3-5). Aunque no era bien esa la respuesta que buscaban, Cristo cita
la profecia acerca de sí mismo en Isaías 35. El cumplimiento de la
profecía era prueba cabal de que Cristo era, como sigue siendo el
Mesías.En Marcos 12:41-44 está la viuda pobre que dio todo lo que
tenía. Ella llamó la atención de Jesucristo porque tenía fe en Dios que
le supliría sus necesidades futuras.Los pobres siempre
existiránJesucristo fue realista al decir que siempre tendremos a los
pobres (Mateo 26:11), pero eso no disminuyó su preocupación por ellos.
Sus discípulos llevaban dinero para ayudar a los pobres (Juan 13:29), y
él dijo al rico que repartiera su riqueza con los pobres, cojos,
ciegos, etc. porque ellos no podían dar nada a cambio.La iglesia del
primer siglo cuidaba a sus pobres y viudas (Hechos 2:45; 4:34). Los
primeros diáconos (Hechos 6) eran para cuidar a las viudas pobres.
Cuando Pablo se encuentra con los demás apóstoles, le recomiendan que
cuide a los pobres (Gálatas 2:10). Santiago dedica gran parte de su
epístola abriendo los ojos de los cristianos sobre la necesidad de
cuidar a los pobres. Al cuidarles, estaremos cuidando al propio Dios
(Proverbios 19:17).La pobreza no es agradable y no debemos permitir que
haya necesidades en la iglesia que no sean suplidas, siempre que las
podamos suplir. Por otro lado, los pobres nos dan la oportunidad de
servir y de ser más como Jesucristo. Por más ocupado que solía estar,
el Maestro siempre tenía tiempo para tratar a los pobres, humildes y
necesitados. Hoy los líderes religiosos no atraen a los pobres como lo
atraía Jesucristo. Quizás nos falta más compasión hacia ellos.El
peligro de las riquezas“No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan
necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?”
(Proverbios 30:8b-9). El peligro mayor de las riquezas es olvidarse de
Dios. Mientras el pobre todo lo pide a Dios, el rico va y compra lo que
necesita.Casi siempre que la Biblia menciona los ricos usa palabras
fuertes y tajantes. Jesucristo habla de ellos como si fuese imposible
entrar en los cielos: “es más fácil pasar un camello por el hoyo de una
aguja que entrar un rico en el reino delos cielos”. Eso significa que
los ricos opresores nunca disfrutarán las bendiciones celestiales. El
rico y Lázaro es un ejemplo típico de esa verdad. En el más allá había
un gran precipicio intransponible entre el rico y Lázaro (Lucas
16:19-31) A veces me hago esta pregunta: ¿Será que las riquezas hacen
la felicidad? La contestación es un enfático “no”. La mayoría de los
ricos son infelices. Debemos decir que no hay nada malo en ser rico si
su riqueza sea para servir a Dios y a su pueblo. La Biblia advierte que
las riquezas no tardan en hacer a la persona insensible, distorsionando
sus valores, haciéndole orgulloso y arrogante, sintiéndose como si no
necesitase a Dios (1 Timoteo 6:9-10).Para otros, la riqueza lleva al
aburrimiento. El rey Salomón, de la antigüedad, era, sin dudas, un
hombre rico, él más rico que jamás existió. Mientras buscaba la
felicidad probó todas las cosas: posesiones, música, NO, grandes
templos, conocimiento; pero al fin y al cabo declaró: “Miré todas las
obras que se hacen debajo del sol; y he aquí todo es vanidad y
aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:14). Sólo Dios pudo satisfacer
sus anhelos más profundos y darle la felicidad que tanto buscaba.Mucha
gente magnifica permanece pobre toda su vida, por elección, como los
misioneros, o los que deciden dar sus bienes para ayudar a su prójimo.
Sin embargo, la mayoría de los pobres son victimas de las
circunstancias.Hay otros que pasan toda su vida llenos de
resentimientos, celos y amarguras porque quieren “un poquito más”.
Quizás tengan lo suficiente para satisfacer sus necesidades, pero en
vez de ser agradecidos por lo que poseen no se satisfacen. Aun los
pobres en comparación a una persona que vive en algunos países
africanos, serían considerados ricos. Hay los que están completamente
obsesionados por las riquezas y quieren más.La felicidad no está en el
dineroJesús dejó bien claro que la felicidad no está en el dinero. Los
bienes materiales no traen la felicidad. La felicidad verdadera
significa vivir contento con lo que la vida prepara, aprender a
disfrutar las cosas sencillas y, sobretodo ayudar a los que viven a su
alrededor.El sermón del monte lo predicó a dos grupos de personas: la
muchedumbre y los discípulos de Cristo. Las palabras del Maestro
ayudaron a los discípulos a tener una idea de la ética del reino de los
cielos. Eso les ayudó a enterarse de la seriedad del reino.A la
muchedumbre, el sermón era una revelación de lo que significaba ser un
seguidor de Jesucristo. Hasta aquel momento Cristo había sido una
persona sin igual, un operador de milagros. Su personalidad era
magnética, su personalidad era atractiva, su voz era persuasiva. Todo
su ser se identificaba como un hombre que tenía un poder fuera de lo
común. Él era un maestro sui generis, debatía con la gente de manera
formidable, era un sanador compasivo. Nadie había conocido alguien como
él.Aquel día Jesucristo iba a cambiar la vida de aquellas personas que
mal le conocían. Su mensaje de esperanza, que un gran porvenir les
esperaba en los cielos, seguramente fue un mensaje bienvenido. Sin
embargo, en Mateo 5:3, Jesucristo se refiere a la pobreza espiritual y
no tanto a la material.¿Qué significa la pobreza espiritual?En el monte
donde Jesucristo predicó el gran sermón, no había solamente pobres.
También habían ricos y todos los intermedios. Por eso el Maestro
calificó la pobreza de “espiritual”. Los fariseos, la secta judaica más
legalista, padecía de esa pobreza. Ellos tenían conocimiento de la
religión y la seguían al pie de la letra, pero les faltaba amor,
compasión, etc. Les sobraba la hipocresía, y la pobreza espiritual en
el sentido de que creían que estaban correctos delante de Dios pero
estaban equivocados. La historia del hombre rico y necio de Lucas
12:13-21 ilustra lo que es un pobre de espíritu.Hemos sido creados a la
imagen y semejanza de Dios y como tal somos seres espirituales. El alma
ha sido creada a la imagen de Dios. Así como el cuerpo tiene ganas de
comer, de beber, etc, también alma necesita alimento. Las
características del alma son: La personalidad, la inteligencia, la
conciencia, la memoria. El alma o el espíritu humano busca la paz, la
alegría y la felicidad. Pero más que todo, el alma tiene ganas de Dios
(Salmos 42:2). Esas son ganas de reconciliarse con Dios y mantener una
relación de amistad con él eternamente. No importa cuanto alimentamos
nuestro cuerpo con toda la nutrición posible e imaginable. Si no
cuidamos al espíritu sentiremos siempre un gran vacío dentro de
nosotros.Podemos decir que otra manera de explicar esa bienaventuranza
sería: “Dichosa es la persona que ha aprendido el secreto de ir a Dios
en oración diariamente”. Quince minutos a solas con Dios cada mañana
temprano, antes de empezar el día, puede cambiar nuestros semblantes y
alimentarnos espiritualmente.La promesaEn esa Bienaventuranza nos
enteramos que los pobres heredarán lo que para Cristo era lo más
importante: el reino de los cielos. Las riquezas materiales jamás nos
llevarán al cielo. La arrogancia y el orgullo tampoco podrán ayudar a
la entrada en el más allá. Sólo los que son pobres de espíritu, cuya
alma tiene sed de Dios, de ellos es el reino de los cielos.Preguntas
para meditación y repaso:1. Según esta lección, ¿cómo nació y se crió
Cristo?2. ¿Cuál es el propósito de la existencia de los pobres?3. ¿Por
qué es que las riquezas pueden ser peligrosas al cristiano?4. ¿Qué
sucede cuando depositamos mucha confianza en el dinero?5. ¿En qué
sentido serán bendecidos los pobres de espíritu?
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